viernes, 22 de junio de 2018

Delante de un no siempre va un si


No.
Estoy harta de escuchar esa palabra.
No puedes, no debes, no eres, no, no y más no…
Es lo que me han dicho muchas personas a lo largo de mi vida, y quizás esas personas pensaban que sus palabras me harían cambiar, que al final cedería, pero yo no soy así.
Yo siempre les dije si, si y sí. Porque siempre me ha dado mucha rabia que hubiera personas en mi vida que no me veían capaz de hacer nada de provecho; siempre ha habido personas que no creían en mí, que no me apoyaban o que pasaban de mí.
Sin embargo, yo siempre me empeñé en llevarles la contraria y hacer todo lo que estuviera en mi mano para conseguirlo, daba igual lo que pudieran pensar, yo sabía que siempre estaba dispuesta a ganar. Dos o tres personas en mi vida que me dijeran lo que puedo o no puedo hacer no iban dañarme más de lo que me dañaba yo, algunas veces, a mí misma. Así que sabía que si resistía a la tempestad, algún día el mar se quedaría en calma…
Y las dos personas que más han intentado hacerme cambiar, que me han dicho “no” una y otra vez… son mis “padres”.
Si, lo pongo con comillas y ahora lo entenderéis todo.
Mis padres nunca me han apoyado, siempre han pensado que el baile era un simple hobby y por eso me lo pagaban, así que cuando la economía empeoró en casa lo primero que me dijo mi madre fue: “ya no necesitas seguir yendo a clase de baile, eso es solo un capricho, así que no te vamos a seguir pagando las clases”… entonces me tocó buscar la forma en la que seguir asistiendo a clase, y lo conseguí.
Ellos piensan que bailando o haciendo algo relacionado con ello no se puede vivir, no es lo suficiente… que acabaré siendo camarera o cualquier profesión del estilo. Mejor dicho, ellos piensan que debería estar trabajando ya de camarera, me intentan buscar trabajos y cosas que yo jamás aceptaré. Mientras que tenga posibilidades de trabajar en lo que yo quiero no aceptaré un trabajo distinto.
Ellos piensan que por no ayudar en casa, que tengo mis motivos, que por no hacer nada más que estudiar, trabajar dando clases y bailar; soy una inmadura, una irresponsable, una vaga, una inútil, una niña que no sabe nada, que me lo dan todo regalado dicen, que la vida es muy fácil para mí…
¿Fácil?...
¿Estudiar, trabajar e intentar dedicarle algo de tiempo a bailar entre todo es fácil?...
Según mis padres no debería llegar cansada ni quejarme  después de dormir dos o tres horas para un examen, pasarme seis horas en clases de las cuales algunas son prácticas, tener una hora para comer e ir a dar clase a las cuatro, volver a casa y a las ocho y media dar otra clase y de allí salir corriendo a clase de salsa y llegar a mi casa a las once o más de la noche.
“No, si estuvieras trabajando en la obra como hago yo sería mucho peor”… Eso me dice mi padre.
Pues quizás si sería peor, pero eso no deja de desgastarme el cuerpo y la mente igualmente, y además, él eligió esa vida porque en su momento no quiso estudiar, igual que mi madre.
Me dicen que yo lo tengo todo fácil, porque ellos en vez de centrarse en sus estudios y esforzarse en ello prefirieron trabajar. Solo tenían dos opciones y eligieron la peor; ¿y eso es culpa mía?
Pero esta historia no termina aquí, para nada.
No es solo lo que piensen de mí y que además crean conocerme y saber cómo soy… es que jamás han sabido ser unos padres de verdad.
Mi infancia fue difícil, no como una niña normal, muy difícil, necesitaba el apoyo y la ayuda de alguien, pero nunca la tuve hasta que ya era tarde.
No era capaz de confiar en nadie, es verdad…
Cuando mi madre me preguntaba me quedaba callada porque no era capaz de confiar en una persona que se pasaba los días chillándome por cualquier cosa, y con mi padre directamente ni hablaba. Nuestras conversaciones eran inexistentes, él solo venía a comer y a cenar y dormir.
Y cuando ya el daño estuvo hecho lo único que hicieron fue alejar el problema de mí y con eso pensaron que todo estaba solucionado.
No intentaron nunca hablar conmigo, ayudarme o incluso buscar ayuda y llevarme a un psicólogo.
Tuve que pasar por mucho yo sola, y superarlo yo sola…
También es verdad que yo tengo algo de culpa por no haberme atrevido a hablar en su momento, pero ellos no hicieron nada, no estuvieron cuando les necesitaba…
Y se supone que eso es lo más importante de ser padre o madre, ayudar a tu hija en todo lo posible, estar ahí cuando no tenga nadie, apoyarla, darle ánimos, demostrar algo de afecto y darle un empujón de vez en cuando.
Pero que digo, eso es una locura… al menos en mi casa.
Jamás he escuchado por su parte un “te quiero”, “estoy orgullosa de ti”, “no te desanimes que lo conseguirás”, “se fuerte que las cosas se arreglan”, nada de eso…
Y siguen sin entender por qué me quiero dedicar al baile… porque es lo único que me ayudaba, es lo único que estaba conmigo, no como ellos…
En cambio siempre oía: “Mónica, esto no se hace”; “Mónica, esto no es así”; “Mónica, no tienes razón”; “Mónica, no te vistas así”; “Mónica, no vas a hacer nada en tu vida como sigas así”…
Les llamo “padres” solo por el hecho de que me han dado un techo y comida, no hay más… ¿queréis que ayude en casa cuando vosotros jamás me habéis ayudado?, pues eso no va a pasar, bastante hago con lo poco que hago… Y si sigo en esta casa es porque cuando me vaya será para siempre. Cuando me vaya y consiga lo que quiero sonreiré desde dónde esté, porque sabré que he ganado y vosotros habéis perdido, que la oveja negra de la familia que siempre llevaba la contraria, ha luchado hasta el final y ha demostrado que ellos no tenían razón… lo que yo llamo un “zas en toda la cara”. Y sabré que os arrepentiréis de no haber sido unos buenos padres y ser solo unos “padres”, que jamás aceptaron que su hija fuera diferente, que tuviera una forma de ver las cosas diferente, que luchara por sus sueños como ellos nunca lo hicieron, que jamás hizo lo que ellos quisieron porque yo no cambio por nada ni por nadie, porque estuve siempre dispuesta a defender lo que yo creía, que nunca los quiso porque para mí solo son mis “padres”… ni si quiera puedo llamarles mi familia sin que piense que es una total mentira, ese término no existe en mi casa.
Y así es como convivo cada día con ellos, aunque siempre he intentado pasar el menor tiempo posible dentro de mi casa, siempre he buscado la forma de hacer las cosas a mi manera y de no aceptar lo que ellos me decían, siempre he seguido mi propio camino y es lo que seguiré haciendo aunque ellos no estén de acuerdo. Y cuanto más me sigan diciendo que no, con más ganas luchare por ello.

sábado, 26 de mayo de 2018

Soñar es fácil, luchar no


Soñar es gratis, o al menos eso he querido creer siempre, y aunque todo el mundo es capaz de soñar muchos no se atreven a luchar por ese sueño, muchos se acobardan en el intento ante la idea de salir perdiendo o que sea un pérdida de tiempo y luego; se arrepienten de escoger el camino fácil.
Abren los ojos tarde, demasiado tarde para coger ese que tren que tenía sólo un viaje de ida… un tren que pasó una vez por su vida y nunca volvió…
Sólo unos pocos locos se atreven a subir aun queriendo echar la vista atrás, saltamos con el miedo en las venas y nos agarramos fuertemente para sentir que merecerá la pena arriesgarse.
Pero… no todos los que lo cogen llegan al destino que ellos imaginaban… hay que ser fuerte y tenerlo muy claro… saber que pase lo que pase seguirás adelante…
Yo siempre tuve bastante claro por lo que quería luchar, es lo único que he tenido tan claro en toda mi vida.
Sí que es verdad que mis sueños han ido cambiando, pero su finalidad siempre ha sido la misma. Algún que otro pequeño sueño ya fue cumplido en el pasado, pero eso no me bastó y quise seguir por una meta mayor… Así que todavía queda mucho camino por andar, y que al igual que el ya recorrido, no será un camino lleno de rosas sin espinas…
Pues nadie dijo que luchar por un sueño fuera fácil.
Yo tengo que levantarme de la cama cada día intentando coger todas las fuerzas posibles, lavarme la cara y mirar al mundo sin miedo… Porque es duro… pero si realmente lo quieres, merecerá la pena… Eso pienso casi todos los días.
Lo más bonito de esta lucha es cada paso que das, cada persona que encuentras, cada sentimiento vivido, la ilusión y la esperanza que nunca se pierden, cada minuto de vida que se transforma en un granito de arena más en ese reloj añejo tan elegante y frágil.
Pero al igual que tiene una parte bonita, hay otra que no todos están dispuestos a aceptar, hay un lado que está escondido en las sombras, que nadie ve pero siempre está ahí contigo… Y es que cada día es una lucha continua, que a veces pierdes a personas por el camino, que no todo el mundo te apoya y dudan de ti, que a veces tienes que luchar contra las personas más cercanas a ti, que muchos no querrán escucharte y que otros tantos parecerá que lo hacen y luego descubrirás que nunca fue así, que a veces caes… bueno… caes miles de veces… porque te encuentras con baches que no son fáciles de superar aunque quieras hacerte el héroe o la heroína… entonces toca levantarse por mucho que duela, aun cuando sientes que el corazón te explota, aun cuando tus pies están doloridos de tanto correr, tu cuerpo no es capaz de moverse y tu mente se niega a ver la luz al final del túnel… incluso en esos instantes hay que apoyar las manos en el suelo húmedo por las lágrimas derramadas y levantarse una vez más, sacando toda tu fuerza interior, esa que llevas dentro y ni tú mismo te habías percatado de ello, esa en la que nunca creíste pero siempre estuvo ahí… Y en ese momento es cuando tú debes agarrarla, poner los pies firmes en el suelo, secarte las lágrimas y comenzar a andar de nuevo.
No, nadie dijo que fuera fácil… Soy la primera que quiso rendirse en más de una ocasión, pero al final nunca lo hizo. Porque siempre luché por mis creencias, por las personas que me rodean, porque es lo único que me hace cien por cien feliz en esta vida, es lo único que estoy segura que merece la pena, porque mi vida sin ello no tendría sentido… Así que intento pensar cada día que en algún momento ese sueño que tengo desde pequeñita, ese único que no ha cambiado, que está arraigado en mi piel, que es mis fuerzas, mi sonrisa y mis ganas de vivir… se cumplirá.
Hay personas que intentaron ahogar esos deseos y frustrar ese sueño, pero sólo consiguieron que yo tuviera más ganas de avanzar, de correr, de saltar, de hacer cualquier cosa para conseguirlo. Además, eso me hizo más fuerte… más fuerte para ser capaz de superar cada obstáculo, para demostrar de lo que soy capaz, para llevarles la contraria, para poder mirarles sin miedo y plantarles cara.
Porque un día, espero que ese sueño se haga realidad, al menos yo haré todo lo que esté en mi mano… y entonces me sentiré bien, pero bien de verdad… me sentiré en paz conmigo misma…
Cada día es una lucha, pero la lucha por un sueño, y no un sueño cualquiera, sino el sueño de mi vida… Y si por cualquier razón, si por culpa del destino o de lo que quiera que pase en un futuro no lo llegara a conseguir, aun así me quedaré con que di todo de mí y no me arrepentiré de ello. Pues como dicen en mi película favorita…
Si abandonas tu sueño, mueres”.

martes, 1 de mayo de 2018

Oscuridad


Esa oscuridad siempre estuvo ahí, una oscuridad que nadie ve y que nadie espera… quién se lo esperaría de la chica que siempre sonríe, ilusa y despistada…
Esa oscuridad parece no estar, pero siempre se queda en un rincón al acecho… Esperando la oportunidad para inundarme en un mar de dudas cuando me siento sola, cuando me miro al espejo contantemente y llega el día en que detesto seguir viéndome así, en que siento que mi fuerza de voluntad no es bastante fuerte para vencerme a mí misma.
Entonces el odio renace, me vuelvo sombría, me paso los días deambulando, vagando sin encontrarle sentido a nada, andando sin ganas de caminar, sumiéndome en esa oscuridad…
Oscuridad que poco a poco me atrae… me susurra que a su lado la vida será más fácil…
Y en realidad es todo lo contrario… Sé que lloraré hasta que no queden lágrimas para derramar, sé que me quedaré ahogándome en una esquina, me esconderé cada vez que el dolor me invada y querré huir sin mirar atrás…
Sé que me llamará la idea de escoger la puerta equivocada, la que abre el hogar de las vidas vacías, de los sueños rotos, de los gritos que sólo yo puedo escuchar, de las falsas alas que no te hacen volar, de los cristales esparcidos por el suelo, de los desastres que nunca se arreglaron, de las rosas sin pétalos… dónde la luna llora cada noche.
Pero sé que allí podría esconderme eternamente si yo quisiera, podría abrir esa puerta y cerrarla para siempre; mintiéndome al pensar que nadie se acordará de mí, que podré olvidar, que es mejor vivir así, que allí nadie me dañará y yo no dañaré a nadie.
Muchas veces he estado a punto de entrar en ese lugar, incluso alguna vez abrí la puerta y estuve a punto de dar el paso para entrar en el principio del fin. Pero al final nunca lo hice… Nunca lo hago… porque siempre hay algo que me lo impide y cierra la puerta.
Y de repente abro los ojos y me despierto en mi cama, como si nada. Es un nuevo mañana, un nuevo día para levantarse y empezar de cero.
Aunque nunca es verdad que sea de cero.
Siempre hago como si lo ocurrido no hubiera pasado, finjo ante los demás y ante mí misma que la tormenta no existió o que sólo fue un bajón, y sin embargo… Lo recuerdo todo, cada instante hasta el último… Cada sollozo y cada grito de desesperación, ese odio que me consume, esos ojos llenos de sufrimiento, esa mirada pérdida, como caía y caía cada vez más bajo…
Siempre es distinto el cuándo y el por qué, pero siempre duele por igual…
Sí… esos recuerdos siempre van conmigo en un rincón de mi corazón junto a la oscuridad; que espera, una vez más, el momento de salir y recordarme lo mucho que me odio y que no merece la pena seguir…
Y yo sigo andando, superando obstáculos, avanzando, intentando no recordarlo, intentando que no me afecte, intentando ser cada día un poco más fuerte.